La Generalitat de Cataluña ha decidido ampliar la temporada de caza del jabalí, que ahora se extiende desde junio hasta marzo, con el objetivo de reducir daños agrícolas, minimizar accidentes de tráfico y reforzar la prevención frente a la peste porcina africana. La medida incluye cambios en la regulación de la primavera, revisiones técnicas de gestión y la implantación de objetivos de captura por zonas para ajustar la presión cinegética a la evolución de los daños y los riesgos sanitarios. La Administración insiste en que la caza es una herramienta de reducción poblacional inmediata, pero que debe integrarse en una estrategia más amplia y coordinada con agricultores, ayuntamientos y cuerpos de seguridad. En paralelo, se activan medidas para mejorar la vigilancia y la planificación territorial con instrumentos que permitan ajustar la respuesta en función de indicadores concretos de impacto y riesgo.
Modalidades selectivas en primavera
Durante los meses de abril y mayo la actividad de control poblacional se limitará a modalidades selectivas, especialmente el acercamiento diurno y el aguardo o espera, que permiten identificar y abatir ejemplares de forma individual sin recurrir a batidas que desplazaran a la fauna. El aguardo consiste en permanecer oculto en un punto fijo y efectuar un disparo selectivo cuando el animal aparece de forma natural; esta práctica busca reducir perturbaciones en época sensible para la reproducción de otras especies y minimizar desplazamientos forzados de jabalíes. La Generalitat apuesta por priorizar técnicas que disminuyan la presión sobre el hábitat y que a la vez mantengan eficacia en la captura de individuos que generan daños económicos o riesgos sanitarios. Además, se promoverá la formación de los cazadores en prácticas selectivas y en protocolos de bioseguridad relacionados con la posible detección de signos compatibles con enfermedades porcinas.
Estrategia integral y objetivos
La política de gestión fija como meta poblacional una reducción a densidades medias previstas entre 2,5 y 4 jabalíes por kilómetro cuadrado, y establece la revisión de oficio de los planes técnicos de gestión cinegética para incorporar objetivos mínimos de captura por cada área de caza. Estos objetivos se ajustarán según tres indicadores principales: la evolución de los daños agrícolas comunicados, los incidentes de tráfico causados por fauna y los riesgos o indicios relacionados con la salud animal que puedan incrementar la probabilidad de propagación de la peste porcina africana. Para alcanzar las metas se introducirán criterios de priorización territorial y temporal que permitan concentrar esfuerzos donde existan evidencias objetivas de impacto económico o sanitario, con informes periódicos para evaluar cumplimiento y eficacia.
La ampliación del calendario se enmarca en una estrategia multidimensional que combina control cinegético con medidas no cinegéticas: reducción de la disponibilidad de alimento en el medio, gestión de residuos y mejora de la gestión de vertederos, protección física de cultivos (vallas y repelentes) y planificación territorial orientada a disminuir la coexistencia conflictiva. También se impulsará la colaboración con el sector agrícola para adoptar prácticas que limiten el acceso de jabalíes a recursos, como manejo de cosechas y almacenamiento seguro de subproductos que habitualmente atraen a la fauna. En ámbitos urbanos y periurbanos la coordinación con ayuntamientos y cuerpos de seguridad civil será clave para atender episodios concretos que supongan riesgo para la población o la circulación vial.
Para mejorar el seguimiento y la toma de decisiones, el Departamento contempla integrar herramientas de monitorización y de agricultura de precisión: censos mediante cámaras trampa, SIG para cartografiar presencia y daños, y análisis de datos que permitan estimar tendencias poblacionales y la eficacia de las intervenciones. Estas tecnologías facilitarán establecer prioridades de captura, calibrar medidas locales y documentar la relación causa‑efecto entre densidades de jabalí y daños detectados. Asimismo, se reforzarán los protocolos de bioseguridad y la vigilancia sanitaria en el entorno de explotaciones porcinas para disminuir la probabilidad de introducción y propagación de la peste porcina africana.
La Generalitat prevé evaluar el impacto de las medidas de manera continua durante 2026 y ajustar los planes técnicos de gestión conforme a los resultados de campo y a los indicadores de daños y riesgo sanitario. Los cambios normativos y operativos se acompañarán de campañas informativas dirigidas a agricultores, cazadores y ciudadanía sobre buenas prácticas, prevención de conflictos y obligaciones en materia de trazabilidad y comunicación de hallazgos. A medio plazo se espera que la combinación de control cinegético selectivo, manejo de recursos y tecnologías de vigilancia reduzca los episodios de daños, mejore la seguridad vial y disminuya el riesgo de brotes que afectarían al sector porcino.
En el terreno económico y social, la medida pretende mitigar costes directos e indirectos asociados a las incursiones de jabalíes en superficies agrícolas y a los siniestros viales, y a la vez dar respuesta preventiva ante amenazas sanitarias que podrían tener un alto impacto en la producción porcina. El éxito dependerá de la coordinación entre administraciones, el sector caza y la agricultura, del seguimiento técnico riguroso y de la capacidad de adaptar actuaciones conforme se obtengan datos de campo que confirmen la reducción de densidad y de daños.
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