ASAJA Castilla y León alerta de que el esquileo de los rebaños ovinos en la comunidad supone una carga económica que, tal y como denuncian los ganaderos, no compensa por la baja valoración del producto que genera. El análisis sectorial de la organización sitúa a más de 4.000 explotaciones afectadas por unos costes operativos que superan la capacidad de retorno de la lana dentro de la cadena productiva regional. Como ejemplo concreto, una explotación media de 500 ovejas invierte en el proceso de esquila y manipulado cantidades que no se recuperan con la venta de la lana, según los cálculos aportados por ASAJA.
El problema económico del esquileo
ASAJA calcula que el conjunto de explotaciones de la región afronta un gasto importante para realizar el esquileo y la primera gestión de la fibra; el coste total de esquileo superior a 3,1 millones de euros refleja la dimensión del desembolso requerido por la actividad. Ese coste se compone de pagos al esquilador, transporte hasta puntos de recogida, clasificación sencilla y, en muchos casos, un primer lavado a nivel básico para permitir su comercialización. La consecuencia inmediata es que la lana pasa a ser, para gran parte de las explotaciones, un subproducto con coste neto negativo cuando se contrasta con otros gastos de la explotación.
Los datos operativos que maneja la organización muestran que el coste medio de esquila de 1,50 €/animal y la valoración de la lana cercana a 0,05 €/kg son incompatibles desde el punto de vista de la rentabilidad, sobre todo para razas cuya fibra no alcanza calibres ni limpieza adecuados para mercados acabados. Esa estructura de precios explica por qué muchas ovejas dejan de generar valor adicional y obligan a los ganaderos a asumir costes que no recuperan por ventas.
Mercado mundial y oportunidades
En el plano internacional, ASAJA observa señales de movimiento en la demanda global de lana que pueden beneficiar a determinados lotes de calidad superior y que requieren, no obstante, una logística y una cadena de valor preparada. La mayor parte de la demanda se orienta hacia lanas lavadas y clasificadas por calidad; por ello, la proximidad a compradores internacionales puede convertirse en una oportunidad si se articulan canales de exportación y se mejora la concentración de producto. La organización reclama que las administraciones trabajen para facilitar cauces logísticos y administrativos que acorten plazos y costes de salida al exterior.
Dos vías complementarias se perfilan como las más viables para resignificar la lana: por un lado, la valorización de lanas de alto valor —procedentes de aptitud lanera como la merina— destinada a prendas de gama alta donde el proceso de recogida, lavado, cardado e hilado justifica una inversión mayor; por otro lado, la industrialización de los volúmenes principales procedentes de razas lecheras y cárnicas (Assaf, castellana, churra) para usos técnicos y de economía circular como aislantes, paneles para bioconstrucción o compostaje y regeneración de suelos.
La puesta en marcha de estas vías exige inversiones en instalaciones de lavado y clasificación, acuerdos de agrupación entre explotaciones, y el desarrollo de canales industriales que transformen la fibra en productos con mayor valor añadido. También es preciso fomentar la formación técnica en manejo de la lana, trazabilidad y estándares de calidad para que lotes homogéneos puedan satisfacer demandas específicas del mercado.
Necesidades de política pública y privada
ASAJA insiste en la necesidad de medidas públicas que acompañen la transición de la lana desde subproducto a materia prima rentable: ayudas a la inversión en plantas de lavado y secado, líneas de apoyo a cooperativas de clasificación, incentivos a la creación de centros de transformación regionales y programas de I+D para nuevos usos industriales. A nivel privado, la concentración de oferta y contratos a futuro con transformadores o exportadores reducirían la dispersión de precios y costes de transporte que actualmente penalizan al productor.
Impacto sobre la cabaña y retos estructurales
Castilla y León continúa siendo una comunidad con una cabaña ovina significativa, pero el sector enfrenta descensos tanto en número de explotaciones como en efectivos en provincias de toda la región. Esa tendencia, explican desde ASAJA, se agrava cuando la lana deja de aportar ingreso y los márgenes del resto de las actividades ganaderas se estrechan, lo que acelera el cierre de explotaciones más pequeñas y la concentración del sector. La pérdida de renta por la lana contribuye directamente a la reducción de la resiliencia económica de las granjas familiares.
Perspectivas tecnológicas y de mercado
Las tecnologías emergentes y los nuevos usos industriales pueden alterar la ecuación económica de la lana; desarrollos en biocompuestos, materiales aislantes sostenibles y aplicaciones en agricultura regenerativa ofrecen salidas que no existían hace una década. Para que esas oportunidades sean reales se requieren cadenas logísticas eficientes, estandarización de calidades y programas de promoción comercial que posicionen la lana española ante compradores interesados en fibras naturales y sostenibles.
Conclusión
El sector ovino en Castilla y León afronta en 2026 el reto de transformar un coste estructural —el del esquileo— en una oportunidad económica mediante la concentración de oferta, inversión en infraestructuras de procesado y apoyo público-privado. ASAJA reclama medidas concretas para articular la salida de producto hacia mercados finales y tecnologías que permitan valorizar la lana y mejorar la rentabilidad de más de 4.000 explotaciones en la región.
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