En definitiva, la demanda de mano de obra en explotaciones agropecuarias, empresas forestales y servicios asociados está posicionando al entorno de Santiago como un foco de llegada de población extranjera en 2026, con efectos directos sobre el empleo, los servicios y la planificación local.
La coordinación entre administraciones, el impulso a la formación técnica y la modernización del sector serán claves para que este flujo demográfico se traduzca en desarrollo rural sostenible y en oportunidades estables para las comunidades locales y las personas que llegan a trabajar.
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