La 4ª Reunión de Coordinación del Grupo Operativo CLIMSOSTRIGO se celebró en 2026 en Zaragoza y Lupiñén para consolidar estrategias que reduzcan insumos en la producción de trigo blando y mejorar la adaptación al cambio climático. Según Jordi Doltra, investigador del IRTA y portavoz técnico del proyecto, los ensayos en curso confirman la viabilidad de reducir fertilización nitrogenada y protección fitosanitaria sin comprometer el comportamiento agronómico de las variedades evaluadas. El encuentro reunió a investigadores, técnicos y representantes del sector agrario con el objetivo de afinar protocolos de ensayo, validar indicadores climáticos y diseñar las vías de transferencia hacia el productor. La reunión combinó sesiones técnicas en el Centro de Transferencia Agroalimentaria de Movera y visitas a plataformas experimentales en Lupiñén, permitiendo contrastar datos de campo y ajustar recomendaciones prácticas.
Resultados y ensayos
Los ensayos en 2026 abarcan variedades de trigo blando de invierno y primavera distribuidas en redes regionales y plataformas demostrativas; se comparan cuatro sistemas de cultivo: convencional, reducción de nitrógeno, reducción de protección fitosanitaria y reducción combinada de ambos insumos. En campo se monitorizan indicadores agronómicos (rendimiento, calidad, vigor), parámetros sanitarios (incidencia de plagas y enfermedades) y variables climáticas para relacionar respuesta varietal con condiciones ambientales. El seguimiento incorpora métodos de muestreo estandarizados y la recogida de datos que permiten evaluar causa y efecto entre manejo (menor dosis de fertilizante y fitosanitarios) y resultados productivos. Además, los técnicos están integrando herramientas de agricultura de precisión y sensorización para mejorar la toma de decisiones sobre dosis y momentos de aplicación.
En paralelo a las mediciones, se analizan estrategias de manejo integrado que combinan aspectos agronómicos (rotaciones, manejo del suelo, fecha de siembra) con medidas de protección fitosanitaria basadas en umbrales y modelos de riesgo, con la intención de reducir tratamientos sin aumentar pérdidas de producción. Las plataformas experimentales visitadas en Huesca permiten a los asistentes observar respuestas varietales reales y contrastar indicadores entre parcelas control y parcelas con reducción de insumos. Este diseño facilita la identificación de variedades con mayor tolerancia a estrés y menor dependencia de insumos externos.
Hallazgos clave: reducción de insumos sin pérdida agronómica, ensayos en cuatro sistemas de cultivo y IRTA como coordinador técnico del proyecto han sido los ejes destacados por los participantes durante las sesiones técnicas. Estas conclusiones orientan la priorización de materiales vegetales que muestren estabilidad productiva bajo estrategias de manejo más sostenibles.
Transferencia y próximas acciones
El consorcio prioriza ahora la transferencia práctica: elaboración de protocolos divulgativos, jornadas de campo dirigidas a agricultores y cooperativas, y materiales técnicos que expliquen criterios de reducción de nitrógeno y optimización de protección fitosanitaria. Entre las acciones previstas para 2026 y siguientes está la ampliación de las redes de ensayo a nuevas regiones agrícolas, el desarrollo de herramientas de apoyo a la decisión que integren datos climáticos y de cultivo, y la formación específica para técnicos de cooperativas y empresas de semillas. La idea es que las recomendaciones validadas en las plataformas puedan escalarse mediante demostraciones y asesoramiento directo, favoreciendo la adopción por parte del sector productor.
El proyecto también trabaja en incorporar criterios de sostenibilidad en procesos de registro de nuevos materiales vegetales, de modo que la evaluación varietal contemple su comportamiento bajo tratamientos con recursos reducidos. Esta línea persigue dos objetivos concretos: reforzar la seguridad alimentaria mediante materiales resilientes y mitigar riesgos ambientales y de salud pública asociados al uso intensivo de fertilizantes y fitosanitarios. La coordinación entre centros de investigación y empresas busca traducir resultados en políticas y prácticas que sean aceptables técnica y económicamente para los agricultores.
El consorcio del Grupo Operativo está compuesto por la Asociación Española de Técnicos Cerealistas (AETC) como miembro representante, y por empresas como Agrovegetal, Hernán Villa, Semillas Guadalsem y Semillas Batlle, además de la Federación Aragonesa de Cooperativas Agrarias y Agrifood Comunicación. Como colaboradores contratados y centros de investigación participan el IRTA (coordinador técnico), Cicytex, Ifapa, Itacyl, ITAP, Intia e Itagra.CL, lo que asegura cobertura técnica y territorial para la validación y difusión de prácticas. Esta estructura facilita la combinación de conocimientos de mejora genética, manejo agronómico y comunicación con el sector.
De cara al futuro inmediato, CLIMSOSTRIGO plantea consolidar indicadores verificables que permitan cuantificar ahorros de insumos por hectárea, establecer umbrales de riesgo para tratamientos fitosanitarios y definir recomendaciones varietales adaptadas a distintos corredores climáticos. La adopción de tecnologías como sensores, modelos agroclimáticos y plataformas digitales será clave para trasladar decisiones basadas en datos al manejo diario de las explotaciones. El proyecto invita asimismo a que administraciones, empresas privadas y productores colaboren en la implementación de prácticas que reduzcan la huella ambiental del cultivo de trigo blando y aumenten su resiliencia frente a eventos climáticos extremos.
En resumen, CLIMSOSTRIGO avanza en 2026 hacia sistemas de trigo blando más sostenibles mediante ensayos comparativos, transferencia dirigida al sector y el desarrollo de herramientas técnicas para apoyar decisiones de manejo; el objetivo final es que la reducción de insumos sea una alternativa técnica y económica real para los agricultores.
Foto - agrodiariohuelva.es