La Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural de Castilla y León ha emitido una alerta por la detección simultánea de varias plagas que ponen en riesgo los rendimientos de trigo en 2026. Se han detectado vuelos de adultos de tronchaespigas (Calamobius y céfidos) y presencia activa de trips en parcelas de trigo, una combinación que puede reducir producción y calidad si no se interviene a tiempo. La nota oficial del ITACyL insiste en la necesidad de vigilancia parcela a parcela y en decisiones individualizadas según la evolución local del cultivo.
Plagas detectadas y riesgo actual
Los avisos técnicos señalan la presencia de Calamobius filum (tronchaespigas) y de céfidos como Cephus spp. junto a infestaciones de trips (Haplothrips tritici) en estados críticos del cultivo. Estas plagas afectan distintos órganos de la planta y su impacto final depende del estadio fenológico del trigo y de prácticas previas en cada explotación. Dado que las condiciones ambientales y el manejo varían entre parcelas, el ITACyL recomienda muestreos sistemáticos y registros periódicos para detectar con rapidez la evolución de los ataques.
Daños y momentos críticos
Calamobius: la hembra practica una incisión en la parte superior del tallo para depositar el huevo y la larva se alimenta del interior, interrumpiendo el flujo de savia y provocando espigas blancas y debilitadas; el momento clave de intervención es el inicio del vuelo de adultos, antes de la puesta, con una ventana de actuación corta. La intervención preventiva debe realizarse antes de la puesta de Calamobius, con una ventana aproximada de una semana, por lo que la detección temprana del vuelo de adultos es determinante para evitar pérdida directa de producción.
Céfidos: estos himenópteros depositan el huevo en el tallo y la larva excava hacia la base, seccionando el tejido y provocando la caída completa de la planta; el daño suele ser más visible en campo y puede conllevar pérdida total de espigas en plantas afectadas. Cada hembra puede poner numerosas puestas a lo largo de la primavera, por lo que el control en los primeros vuelos puede reducir la incidencia en la cosecha.
Trips: los trips atacan la espiga en formación, provocando picaduras, abortos florales y reducción del número de granos y del peso específico, lo que afecta la calidad harino-panadera. El umbral técnico para decidir tratamiento se sitúa en niveles claros: 15–20 larvas por espiga (media de conteo en 10 espigas) entre el estado de zurrón y el inicio de formación de grano; por debajo de ese umbral, la recomendación es mantener la vigilancia y favorecer controles naturales.
Medidas recomendadas para 2026
La estrategia que propone el servicio técnico combina vigilancia intensiva, prácticas agronómicas y, solo cuando sea necesario, tratamientos fitosanitarios autorizados. Se recomienda muestrear de forma regular (al menos una vez por semana en fases críticas), utilizar mangas entomológicas en parcelas de ensayo o de alto riesgo, y realizar conteos directos de espigas para trips y revisiones del tallo para detectar galerías o puntos de corte.
Vigilancia y diagnóstico: muestreos parcela a parcela, trampas de vuelo y registro de incidencias para identificar el inicio del vuelo y el exceso de larvas en espiga.
Prácticas culturales: rotación de cultivos para reducir la presión de población, enterrado del rastrojo, cosecha a baja altura cuando proceda y ajuste de fechas de siembra para evitar coincidencias críticas entre estadios sensibles y picos de vuelo.
Tratamientos fitosanitarios: aplicar únicamente cuando se superen umbrales técnicos y con productos autorizados, priorizando formulaciones de menor impacto y criterios de manejo integrado de plagas.
Además de las medidas clásicas, se recomienda aprovechar herramientas de precisión para 2026: modelos de previsión de vuelo, aplicaciones móviles para registro de parcelas, imágenes satelitales o de drones para detectar síntomas y sistemas de apoyo a la decisión que integren umbrales y condiciones meteorológicas. Estas tecnologías permiten focalizar actuaciones y reducir tratamientos innecesarios.
La clave operativa para los agricultores es actuar con rapidez y criterio: monitorizar cada parcela de forma independiente, identificar el momento exacto del ciclo de cada plaga y aplicar medidas en la ventana óptima. Evitar tratamientos fuera de tiempo es esencial para no perder eficacia ni incrementar costes; por el contrario, retrasar la intervención cuando se superan los umbrales puede traducirse en pérdidas significativas de rendimiento y calidad.
En síntesis, la campaña 2026 exige reforzar la vigilancia en cereal y combinar medidas agronómicas, muestreos periódicos y uso selectivo de fitosanitarios apoyados por herramientas digitales. Monitorizar parcela a parcela y decidir según umbrales técnicos será determinante para minimizar el impacto de estas tres plagas y proteger el valor comercial del trigo en la próxima cosecha.
Foto - www.agronewscastillayleon.com