El sector y los técnicos mantienen la expectativa de que el escenario prometedor de inflorescencias se traduzca en una buena campaña, pero subrayan que la evolución atmosférica en las próximas semanas será determinante para asegurar cuaja y calidad. La atención se centra en anticipar picos térmicos, lluvias convectivas y la progresión de la floración por zonas para coordinar actuaciones.
En resumen, 2026 arranca con potencial productivo alto en amplias áreas de la Península Ibérica, pero el resultado final dependerá de la capacidad de gestión agronómica y de la sucesión de condiciones climáticas durante la floración y cuaja.
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