Materia orgánica mitiga la degradación del suelo por calor
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Materia orgánica mitiga la degradación del suelo por calor

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Materia orgánica mitiga la degradación del suelo por calor

Źródło: AGRONEWS Wszystkie aktualności źródła

Un estudio de la Universidad de Córdoba demuestra que los suelos agrícolas del sur de España pierden funcionalidad biológica cuando la temperatura del perfil supera los 40 °C. Por encima de 40 °C la eficiencia de los microorganismos disminuye y, si la temperatura alcanza 50 °C, la actividad biológica puede anularse por completo, según los resultados publicados por el equipo investigador en 2026. Los autores presentan evidencias obtenidas en suelos calcáreos de Córdoba y suelos ácidos procedentes de Badajoz, y advierten del riesgo creciente ante episodios de calor extremo continuado en la cuenca mediterránea.

La evaluación se realizó midiendo la respiración microbiana mediante trazadores isotópicos de carbono en muestras sometidas a escenarios térmicos entre 20 °C y 50 °C. Los datos muestran una caída nítida en la disponibilidad de nutrientes clave, como el fósforo, cuando se traspasa el umbral de 40 °C; en palabras del estudio, a partir de ese límite la reserva de fósforo es «prácticamente inexistente». Estas pérdidas de funcionalidad afectan directamente a la nutrición de las plantas y al potencial de secuestro de carbono del suelo, con consecuencias sobre rendimientos y resiliencia frente al cambio climático.

El escudo de los subproductos del olivar

Frente a ese deterioro, la incorporación de enmiendas ricas en materia orgánica aparece como una estrategia viable para aumentar la resistencia térmica del suelo. En ensayos de laboratorio, parcelas incubadas durante dos semanas con restos orgánicos urbanos y con alperujo mostraron incrementos claros en la disponibilidad de fósforo y en indicadores de actividad microbiana. El alperujo se destacó como el tratamiento más eficaz, permitiendo mantener funcionalidad biológica incluso al llegar a 50 °C, lo que plantea un uso estratégico de este subproducto del olivar como bioenmienda en zonas mediterráneas.

Los mecanismos detrás de esta mejora incluyen: mayor retención de humedad, suministro sostenido de carbono disponible para la microbiota y la formación de agregados estables que atenúan las fluctuaciones térmicas en el perfil superficial. En la práctica, esto significa que suelos tratados con enmiendas orgánicas pueden conservar procesos esenciales —mineralización, ciclo del nitrógeno y disponibilidad de fósforo— durante olas de calor más intensas, reduciendo el riesgo de pérdida de fertilidad a corto plazo.

Implicaciones y recomendaciones

Las implicaciones agronómicas son directas: la incorporación planificada de materia orgánica puede ser una medida de adaptación para sistemas agrícolas vulnerables al calor extremo. Los autores subrayan que los fertilizantes de base orgánica no solo mejoran la resistencia térmica del suelo, sino que, a medio plazo, resultan económicamente rentables al prolongar la vida útil del campo y reducir la necesidad de enmiendas mineralizadas frecuentes. Además, su uso contribuye al cumplimiento de los objetivos de la Directiva Europea de Vigilancia del Suelo fijados para 2030, especialmente en lo relativo a la salud del suelo y la mitigación de la degradación por clima.

No obstante, los investigadores advierten que la adopción a escala exige protocolos claros: calidad de las enmiendas (sal, metales pesados, restos fitoquímicos), dosis óptimas por tipo de suelo, tiempos de estabilización y compatibilidad con prácticas de cultivo. Los ensayos de la UCO y la colaboración con la School of Environmental and Natural Sciences de la Universidad de Bangor recomiendan ampliar los ensayos a campo y evaluar efectos a medio y largo plazo sobre rendimientos, emisiones de gases de efecto invernadero y dinámica de patógenos.

Para agricultores y gestores de la cadena de valor, las conclusiones apuntan a acciones concretas: integrar fuentes locales de materia orgánica —como alperujo tratado— en los planes de manejo de suelos, priorizar análisis de suelos periódicos para detectar pérdidas de fósforo y adaptar las rotaciones y coberturas vegetales para reforzar la estructura del suelo. Desde la perspectiva de política pública, los resultados respaldan incentivos para la valorización de subproductos agrícolas y urbanos como enmiendas, así como la creación de estándares de calidad y trazabilidad que faciliten su uso seguro y eficiente.

En resumen, la aportación de materia orgánica emerge en 2026 como una herramienta práctica para mitigar la degradación por calor en suelos mediterráneos: aumentar la resistencia térmica del suelo, mejorar la disponibilidad de fósforo y preservar la actividad microbiana durante episodios de alta temperatura. Para consolidar estas ventajas se requieren más ensayos a campo, protocolos regulatorios y esquemas de apoyo que fomenten la circularidad de residuos y la salud del suelo en el contexto de un clima cada vez más caliente.

Foto - ipv4.agrodigital.com

Tematy: Olivar & Aceite de oliva, Salud del suelo, Agricultura sostenible

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