Según Paco Rubio, director técnico del proyecto de Silvopastoralismo Extensivo impulsado por la Diputación de Valencia, el pastoreo tradicional y la ganadería extensiva deben recuperar su papel central en la prevención de incendios y la gestión del monte en 2026. El pastoreo reduce la biomasa y la acumulación de material inflamable, actúa como una desbrozadora natural y mejora la resiliencia del paisaje frente a focos de ignición. Rubio insiste en que no se trata de inventar soluciones nuevas, sino de recuperar prácticas históricas adaptadas a los retos actuales del clima y del territorio.
Detalles del proyecto
El proyecto de Silvopastoralismo Extensivo coordina actuaciones en áreas periurbanas y montes mediterráneos para integrar ganado (principalmente ovino y caprino) en la gestión del combustible vegetal. Las intervenciones combinan pastoreo planificado, vallado adaptado, manejo por parcelas y acompañamiento técnico a las explotaciones para asegurar carga animal adecuada, rotaciones y protección de vegetación sensible. La Diputación facilita acuerdos con propietarios, acceso a pastos y apoyo logístico para aplicar modelos replicables en otras comarcas.
Rubio explica que la selección de especies, la carga ganadera por hectárea y los periodos de estancia en cada unidad de manejo son variables que permiten maximizar la reducción de materia seca sin comprometer la biodiversidad ni la productividad del ecosistema. El proyecto incorpora seguimiento con sensores de campo y registros de carga animal para ajustar pastoreos según condiciones meteorológicas y fenología de la vegetación. Además, se promueve la comercialización de productos locales vinculados al manejo silvopastoril como incentivo económico para los ganaderos.
En términos económicos y operativos, el pastoreo aparece como una alternativa competitiva a las infraestructuras convencionales de defensa contra incendios. En 2026 la apertura y mantenimiento de cortafuegos puede costar hasta 21.000 €/ha, y el pastoreo reduce ese coste aproximadamente a la mitad, según estimaciones del propio proyecto contempladas en los planes de actuación. La fórmula combina ahorro directo en maquinaria y combustible con beneficios colaterales, como la recuperación de pastos degradados y la creación de empleo local en explotaciones de pequeño y mediano tamaño.
Los beneficios ambientales son múltiples: menor continuidad del combustible horizontal, reducción de la presión sobre sistemas de extinción y favorecimiento de mosaicos de paisaje que limitan la propagación de llamas. Desde el punto de vista de la política del suelo y la adaptación al cambio climático, la integración de la ganadería extensiva contribuye a estrategias de gestión del riesgo que priorizan medidas preventivas sobre actuaciones reactivas. Este enfoque encaja con programas europeos y autonómicos que buscan soluciones basadas en la naturaleza y el mantenimiento de ecosistemas productivos.
Ventajas y retos
Entre las barreras identificadas por Rubio están la visibilidad reducida de las explotaciones mediterráneas —más pequeñas y dispersas— y la falta de relevo generacional con formación específica en gestión silvopastoril. Los principales retos son el impulso institucional y el relevo generacional, más que problemas técnicos, afirma el técnico, que pide líneas claras de apoyo, incentivos económicos y programas formativos que atraigan a jóvenes a la actividad. La creación de contratos de gestión de combustible con administraciones y propietarios puede ofrecer estabilidad económica a los ganaderos que asumen funciones de prevención.
Para resolver aspectos operativos se están diseñando protocolos de coordinación entre servicios forestales, brigadas de prevención y gestores ganaderos, con calendarios de pastoreo compatibles con períodos críticos de riesgo de incendios y con medidas de bioseguridad. Asimismo, se exploran modelos de cofinanciación público-privada y mecanismos de pago por servicios ambientales que remuneran la reducción de riesgo y la mejora de la resiliencia del territorio.
Rubio también destaca la necesidad de comunicación eficaz hacia la sociedad para cambiar percepciones: explicar que la ganadería no es un enemigo del monte sino una herramienta de gestión que aporta productos, paisaje y seguridad. Se plantean campañas demostrativas y parcelas piloto abiertas al público donde ciudadanos y administraciones puedan ver in situ los efectos del pastoreo sobre la estructura del combustible vegetal y la conectividad del paisaje.
Mirando al futuro próximo, el proyecto prevé ampliar el alcance geográfico y desarrollar indicadores cuantitativos de reducción de riesgo por hectárea que faciliten la evaluación y la replicabilidad. El uso de tecnologías complementarias —teledetección para monitorizar biomasa, sensores para controlar carga animal y modelos predictivos meteorológicos— se integrará en la gestión para optimizar tiempos y recursos y garantizar eficiencia en escenarios climáticos más extremos.
En resumen, la propuesta que defiende Paco Rubio combina tradición y técnica: recuperar el pastoreo como herramienta de prevención, formalizar su función mediante contratos y apoyos institucionales, y aplicar tecnologías que permitan medir resultados y escalar intervenciones. Si se consolidan los apoyos y la formación, la ganadería extensiva puede convertirse en un pilar operativo y económico de las políticas de gestión del fuego en las zonas mediterráneas en 2026 y los años siguientes.
Foto - cadenaser.com