El mildiu de la viña, provocado por el hongo Plasmopara viticola, continúa en 2026 como una de las amenazas principales para la producción de uva y exige estrategias preventivas y herramientas con manejo de resistencias. Este patógeno reduce rendimiento y calidad y puede comprometer la vendimia si las condiciones climáticas favorecen su ciclo biológico, por lo que la vigilancia y la toma de decisiones en tiempo real son determinantes. El agua foliar y temperaturas entre 18-23 ºC favorecen la contaminación y la aparición de la enfermedad. La práctica agronómica debe priorizar la protección de la floración y los crecimientos nuevos, fases especialmente susceptibles en las parcelas más expuestas a humedad prolongada.
Características del mildiu y condiciones de riesgo
Los síntomas permiten una detección temprana: manchas amarillas en la cara superior de la hoja, moho blanquecino en el envés, necrosis y caída prematura de hojas que reducen la capacidad fotosintética, así como daño directo en racimos que afecta a la calidad del vino. El ciclo del hongo incluye contaminación, incubación y esporulación, y cada fase depende de condiciones concretas: la contaminación requiere humectación del tejido y temperaturas entre 18 ºC y 23 ºC; la incubación se acorta a temperaturas cercanas a 22-26 ºC; y la esporulación aparece con higrometría entre 95-100% y al menos 4 horas de oscuridad. En condiciones favorables la formación de conidióforos puede completarse en 10-12 horas durante una noche o en un día si la temperatura varía entre 13 y 27 ºC, lo que explica rebrotes rápidos tras periodos húmedos.
La presencia de inóculo en restos vegetales y la recurrencia de condiciones climáticas favorables hacen que el riesgo de reinfección temporada tras temporada sea alto, por lo que las decisiones de manejo deben combinar prácticas culturales, monitorización y productos fitosanitarios con perfiles de resistencia controlada. La detección temprana y la estrategia preventiva reducen la incidencia y la severidad del mildiu y condicionan directamente la rentabilidad de la campaña.
Principales indicadores que deben vigilar los técnicos y viticultores: tiempo de foliar húmeda (horas de mojado), temperaturas medias nocturnas, humedad relativa, presencia de síntomas en parcelas colindantes y estacionalidad fenológica del viñedo. Tomar decisiones sobre el primer tratamiento y la frecuencia de aplicaciones en función de esos indicadores es clave para evitar aplicaciones innecesarias y mantener eficacia a largo plazo.
Profiler®: modo de acción y ventajas para la gestión del mildiu
Profiler® es un fungicida que combina fosetyl‑Al y flupicolida, formulación diseñada para un enfoque integrado de control del mildiu en viña; su acción combina efectos preventivos, curativos en etapas iniciales y anti‑esporulantes. La flupicolida afecta varias etapas del ciclo de los oomicetos: reduce la liberación y motilidad de zoosporas, inhibe la encistación y germinación, limita el crecimiento del micelio y disminuye la esporulación, lo que reduce la capacidad del hongo para generar nuevo inóculo. Por su parte, el fosetyl‑Al estimula las defensas naturales de la planta y protege los crecimientos nuevos, además de ejercer una inhibición directa sobre la germinación de esporas y el micelio; su sistema de transporte dentro de la planta contribuye a la protección de tejidos nuevos tras la aplicación.
La sinergia entre ambas materias activas aporta persistencia y una protección más completa del conjunto del vegetal: la acción translaminar y la rápida absorción mejoran la resistencia al lavado por lluvia, y la combinación de modos de acción contribuye al manejo de resistencias cuando se utiliza dentro de un plan rotativo y con buenas prácticas agronómicas. Estudios de campo recientes publicados en 2026 muestran reducción sostenida de incidencia y severidad en parcelas donde Profiler® se integra en programas integrados de protección, aunque siempre se recomienda contrastar resultados con ensayos locales adaptados a microclima y variedad.
Estrategias prácticas para 2026 y perspectivas futuras
El manejo efectivo del mildiu en 2026 pasa por integrar medidas de campo y herramientas digitales: monitorización climática en parcela, avisos basados en horas de mojado, selección de variedades y portainjertos menos susceptibles cuando sea viable, manejo del laboreo y eliminación de restos de poda, y aplicación de fitosanitarios con criterios de momento óptimo y rotación de modos de acción. Un esquema de actuación recomendable incluye proteger la floración y los brotes jóvenes, ajustar la frecuencia de tratamientos a la presión de enfermedad y favorecer formulaciones con buena persistencia y baja deriva.
Además de las soluciones químicas, la tendencia hacia agricultura de precisión y herramientas digitales permite afinar aplicaciones y reducir costes y riesgos. El uso combinado de estaciones meteorológicas en parcela, modelos de riesgo y muestreos visuales facilita aplicar tratamientos solo cuando son necesarios, mejorando sostenibilidad y cumplimiento normativo. En 2026, la atención se centra también en políticas y prácticas que limiten la selección de resistencias y en la evaluación continua de nuevos activos y combinaciones que reduzcan la dependencia de una sola familia química.
Conclusión
El mildiu sigue siendo en 2026 un riesgo clave para la viticultura, pero la combinación de detección temprana, medidas culturales y productos con modos de acción complementarios permite controlar la enfermedad y proteger producción y calidad. Integrar productos como Profiler® dentro de programas de manejo integrado —junto a rotaciones, monitorización y prácticas agronómicas adecuadas— ofrece una ruta práctica para mantener eficacia a medio y largo plazo y reducir el impacto económico y sanitario del patógeno.
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