Según Esteban José Baeza Romero, director técnico de Generandi GreenTech, más del 90% de los invernaderos españoles siguen en el segmento de baja tecnología y requieren modernización urgente para mejorar productividad y estabilidad de producción. Más del 90% de las estructuras son sencillas, sin control climático ni digitalización, lo que condiciona rendimientos y exposición a plagas y virus. Generandi ha lanzado GreenTech como línea de consultoría y gestión para acelerar la transición hacia invernaderos de mayor tecnología y mayor valor añadido.
La mayor concentración de estas instalaciones se encuentra en el sureste peninsular —Almería, costa de Granada y Murcia—, donde la agricultura protegida domina la oferta de hortalizas. La práctica habitual es el cultivo en suelo; el cultivo sin suelo representa una minoría cercana al 10% del total, y solo una fracción de las fincas dispone de fertirriego y sensores modernizados. Como consecuencia, los ratios productivos por metro cuadrado son sensiblemente inferiores a los de invernaderos tecnificados: producciones 4,5 veces menores en tomate, 3 veces en pepino (en dos ciclos) y 3,5 veces en pimiento, según comparativas actuales de parcelas pasivas frente a instalaciones activas.
La tecnología insuficiente no solo reduce rendimientos sino que provoca una mayor variabilidad y riesgo comercial: al ser instalaciones pasivas, la calidad y la producción fluctúan con el clima y la hermeticidad deficiente facilita la entrada y propagación de plagas y enfermedades. Paradójicamente, los costes de cultivo contenidos y la rentabilidad vigente en muchos casos han desincentivado la inversión, por lo que muchas fincas continúan operando con estructuras antiguas en lugar de actualizarse. Esto genera una doble oportunidad: mejorar productividad y, al mismo tiempo, reducir uso de agua y fertilizantes por unidad producida mediante modernización.
Prioridades de modernización
Para Baeza Romero, la digitalización es el primer paso imprescindible: introducir sensores de ambiente y suelo permite medir parámetros clave y detectar periodos fuera de rango que afectan calidad y sanidad. La digitalización es fundamental como primer paso para que el agricultor entienda cuándo y por qué su invernadero funciona mal, lo que habilita decisiones basadas en datos y estudios de rentabilidad para cada inversión. Tras la medición y monitorización vienen intervenciones físicas y de proceso que dependen del perfil del invernadero y del cultivo.
Las inversiones priorizadas que recomienda el técnico incluyen:
Sustitución de invernaderos muy antiguos por estructuras de mayor volumen con ventilación cenital y lateral y mejor hermeticidad.
Mejora y digitalización de sistemas de fertirriego con control por sonda de humedad y fertilidad de suelo.
Incorporación progresiva de sistemas activos de control climático (nebulización, pantallas móviles y control automatizado) para estabilizar temperatura, humedad y favorecer control biológico.
Monitorización integrada con plataformas que permitan alertas tempranas y trazabilidad de parámetros ambientales y fitosanitarios.
Comparación internacional y oportunidades
En la comparación con modelos exteriores, Baeza Romero apunta que los invernaderos holandeses se distinguen por niveles de inversión y protocolos estrictos que buscan máxima productividad y estabilidad, mientras que el modelo marroquí se apoya en clima invernal más benigno y menor coste de mano de obra. España tiene la ventaja del llamado modelo «invernadero solar» —especialmente en Almería—, que aprovecha la benignidad térmica invernal y la capacidad del suelo para almacenar calor y reducir la necesidad de calefacción en comparación con invernaderos del norte de Europa. Esa ventaja climática se puede transformar en menor huella energética por kilo producido si además se moderniza la instalación y se optimiza la logística.
Mirando al futuro, Baeza Romero subraya la conveniencia de dos líneas paralelas: modernizar masivamente las estructuras solares para ganar eficiencia con menor inversión y desarrollar proyectos de media/alta tecnología —invernaderos 11 meses o vertical farming— en ubicaciones que permitan acceso a energía renovable, CO2 o calor residual industrial y mano de obra cualificada. La cercanía a grandes mercados y nodos logísticos también es clave para proyectos intensivos en tecnología y valor añadido.
En el ámbito de la investigación y la transferencia, el técnico reclama reforzar la colaboración entre productores, industria auxiliar y centros de conocimiento para que la I+D+i se oriente a soluciones demandadas por el campo. Propone que los propios productores cofinancien proyectos aplicados que resuelvan problemas reales en finca y que las administraciones definan objetivos públicos a largo plazo que orienten inversión y políticas de I+D+i hacia metas concretas de eficiencia energética y sostenibilidad.
Como proyecto ideal, Baeza Romero describe la visión de un invernadero de alta tecnología alimentado por 100% energías renovables, con cubiertas inteligentes, automatización y robótica, y una gestión climática y de fertirriego asistida por IA que maximice calidad y rendimiento mientras optimiza recursos. Esa hoja de ruta combina digitalización, mayores volúmenes estructurales, control higiénico y empleo de técnicas de control biológico para reducir fitosanitarios.
La conclusión del experto es clara: modernizar invernaderos es la vía para producir más y mejor con menos tierra y agua, mitigar riesgos climáticos y responder a las limitaciones de mano de obra. GreenTech se posiciona como asesor para que explotaciones españolas evalúen inversiones con métricas claras de retorno y prioricen intervenciones que aporten estabilidad y eficiencia en 2026 y en los próximos años.
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