Tres huertas ecológicas en Allariz mantienen su actividad gracias al consumo local y al mercado municipal que atrae a vecinos y visitantes. Estas iniciativas combinan venta en el Mercado da Reserva da Biosfera con suministros a comedores y grupos de consumo, y muestran un modelo de negocio basado en la cercanía entre productor y cliente. Varios proyectos han llegado recientemente al municipio y consolidan un tejido de producción primaria orientado a la demanda local y a alimentos de temporada. El dinamismo local está convirtiendo a Allariz en un ejemplo de cómo la venta directa puede sostener explotaciones pequeñas en entornos rurales.
María José Castro y Miguel Morales gestionan la huerta Mim y venden sus productos en ventas directas al barrio, al grupo de consumo y a comedores escolares de la zona, lo que les permite sostener una familia con dos autónomos. Recientemente incorporaron apicultura y actualmente gestionan 150 colmenas de las que extraen miel sin certificar ecológicamente pero de alta calidad, complemento que diversifica ingresos y reduce riesgos. Según ellos, contar con canales de venta cercanos les facilita ajustar precios ante el aumento de costes de producción y les da margen para profesionalizar la huerta sin depender de intermediarios. Tres huertas ecológicas mantienen su actividad y venta directa en Allariz, una con 150 colmenas.
Mercado local como motor
El Mercado da Reserva da Biosfera funciona como punto fijo de comercialización los sábados y como escaparate para productores que además son vecinos, lo que favorece la trazabilidad y la fidelidad de la clientela. El Mercado da Reserva da Biosfera asegura un punto de venta directo para los productores locales. Esa seguridad comercial ha tenido un efecto directo: permite que las huertas crezcan de forma controlada, inviertan en equipos básicos y planifiquen la producción según la demanda real. La proximidad entre productor y consumidor facilita además ventas a comedores escolares y restaurantes locales, contratos que estabilizan ingresos a lo largo del año.
Uxía García, de Tralaleira, es otra de las agricultoras que se apoya en la venta directa y en grupos de consumo para asegurar colocación de cosecha y educar a la clientela sobre la estacionalidad de los alimentos. Su proyecto entrega cestas quincenales a un grupo de consumo de 55 familias, lo que obliga a planificar huertos variados y a mantener una producción constante de temporada. Uxía señala que los principales obstáculos actuales son el acceso a suelo disponible, la necesidad de maquinaria compartida y una mayor atención institucional en la fase de arranque para facilitar la profesionalización. Para ella, la relación directa con quien compra es clave: los consumidores conocen el origen y aceptan variación estacional, lo que mejora la aceptación de productos frescos.
Estefanía Prieto y Daniel, del proyecto Moixo, combinan producción agrícola, cocina y venta de platos preparados; cultivan en huerto e invernadero y elaboran empanadas, croquetas y pizzas con producto propio para restaurantes y el mercado. Este modelo de valor añadido les permite captar parte del canal HoReCa y aumentar la rentabilidad por metro cuadrado cultivado, aunque en ocasiones la oferta no cubre la demanda local. Compartir puesto en el mercado con otros productores les da visibilidad y facilita apoyo mutuo para suplir faltas puntuales de producto o ajustar variedades según preferencias del cliente.
Retos y perspectivas
El clima de la comarca condiciona cultivos: veranos calurosos e inviernos con heladas exigen planificación, uso de invernaderos y selección de especies adecuadas, con lo que se limitan algunas producciones habituales en otras zonas más templadas. No obstante, la ventaja competitiva de Allariz está en la demanda local consolidada y en la tradición de consumo de productos locales que facilita precios superiores a los de mercado mayorista. El modelo de venta directa permite a los productores fijar precios y resistir la volatilidad de intermediarios. Como consecuencia, los agricultores pueden reinvertir en sostenibilidad del suelo y en diversificación de actividades como apicultura, invernaderos y elaboración mínima.
Para que el fenómeno crezca se identifican necesidades concretas: facilitar el acceso a tierras en arrendamiento, promover equipos compartidos (maquinaria ligera y sistemas de riego), ofrecer formación técnica y apoyo en la certificación ecológica cuando convenga, y mejorar la coordinación con contratistas públicos para que comedores y oficinas públicas compren producto local. La experiencia de Allariz sugiere que combinar mercado local, contrato con colectividades y formatos de venta en cesta es una ruta viable para nuevos labriegos sin grandes inversiones iniciales.
Según María José Castro, el futuro pasa por fortalecer la cadena local: si los productores pueden vender cerca de casa, la agricultura ecológica tiene más posibilidades de ser una actividad rentable y sostenible en el tiempo. Varios vecinos muestran interés en incorporarse con iniciativas diversas, lo que apunta a nuevas huertas y a un escenario en 2026 con más oferta local organizada y mayor resiliencia del sector primario en el municipio. La clave será impulsar apoyos y estructuras que permitan a esas iniciativas consolidarse sin perder la ventaja de la venta directa y la conexión con el consumidor.
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