El mensaje central para el sector porcino en 2026 es claro: la bioseguridad externa debe convertirse en gestión activa del riesgo y no en un trámite administrativo.
Priorizar control de vehículos, corregir vulnerabilidades estructurales y establecer protocolos humanos concretos reduce significativamente la probabilidad de introducción de agentes como la PPA y protege la continuidad productiva.
El estudio, desarrollado por el IREC y la Universidad de Castilla-La Mancha bajo el marco del protocolo On-farm Wildlife Risk Mitigation, aporta evidencia empírica y herramientas prácticas para que los ganaderos orienten inversiones y medidas hacia los puntos que más impacto ofrecen en la prevención.
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