Según Bussy, agricultor especializado en tomates, almacenar estos frutos en refrigeración es un error habitual que perjudica su sabor porque el frío reduce la actividad enzimática responsable de los compuestos aromáticos.
Bussy, que participa en prácticas de cultivo y comercialización en 2026, señala que la creciente demanda de calidad organoléptica obliga a revisar métodos de conservación desde la parcela hasta la mesa. Muchos consumidores priorizan la comodidad de la nevera, pero los productores y técnicos insisten en medidas de poscosecha que equilibran vida útil y sabor sin depender exclusivamente del frío.
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