El día que la alfalfa dependió de un estrecho — Malgar Lagrasta
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El día que la alfalfa dependió de un estrecho — Malgar Lagrasta

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El día que la alfalfa dependió de un estrecho — Malgar Lagrasta

Allikas: AGRONEWS Kõik selle allika uudised

Según Malgar Lagrasta, experta en internacionalización y marketing del sector agrícola, la paralización del tráfico en el estrecho de Ormuz en 2026 ha revelado la vulnerabilidad de una cadena de valor aparentemente estable: la de la alfalfa deshidratada española. En plena campaña de primavera la interrupción del paso marítimo hacia los mercados del Golfo ha provocado un efecto dominó que afecta a productores, deshidratadoras, exportadores y compradores finales.

Contexto productivo

España mantiene una producción relevante de alfalfa deshidratada, concentrada en varias comunidades. Aragón juega un papel estratégico por su capacidad industrial de deshidratación y por la alta presencia de exportadores orientados al mercado del Golfo. En particular, la provincia de Huesca concentra una parte muy importante de la superficie cultivada, con más de 35 000 hectáreas dedicadas a alfalfa. A escala nacional, la producción anual se sitúa en un rango aproximado de 600 000 a 700 000 toneladas, sostenida por instalaciones industriales que generan empleo directo en cadenas de recolección y deshidratación.

Por qué la crisis impacta con tanta fuerza

El mercado premium del Golfo, representado por compradores en Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Qatar, valora la alfalfa española por su densidad nutricional y por la logística de envío en balas deshidratadas que optimiza el uso de contenedores. Cuando el paso por el estrecho de Ormuz se restringe, se producen varios efectos simultáneos:

Paralización o bloqueo de buques con carga de alfalfa, con un número estimado de 2 000 contenedores afectados entre bloqueados y retrasados.

Incremento abrupto de los costes de flete, con navieras que han elevado tarifas y aplican coberturas de riesgo de guerra en pólizas de seguro.

Aumento de costes industriales y logísticos internos por alza de precios energéticos y combustible, que impacta procesos de deshidratación y transporte.

Riesgo de pérdida de comprador premium si los importadores consolidad nuevos proveedores con rutas más seguras.

Impacto económico inmediato

El valor de las exportaciones en juego se estima en torno a 450 millones de dólares que actualmente están en riesgo por la interrupción del tránsito marítimo y por los sobrecostes logísticos. Además del valor de la mercancía, las empresas enfrentan costes adicionales por almacenamiento prolongado, penalizaciones contractuales y primas de seguro elevadas.

Condiciones impuestas por el control del estrecho

Las autoridades que controlan el paso han implementado criterios de selección y requisitos administrativos que complican la operativa habitual. Entre las medidas que complican el tráfico se encuentran la exigencia de autorizaciones previas, coordinación con autoridades locales y la instauración de peajes informales, cuyo importe por buque ha sido evaluado en cifras muy elevadas por algunos agentes del sector.

Consecuencias sobre la cadena de producción

A corto plazo, las industrias de deshidratación ven cómo suben sus costes de gas y electricidad, lo que reduce los márgenes.

El transporte interno se encarece por el aumento del coste del combustible y por la congestión en puertos alternativos.

Los fertilizantes, con precios ligados a la energía, encarecen la campaña y presionan la rentabilidad de los agricultores.

La imposibilidad de surtir a tiempo a los compradores del Golfo obliga a revisar contratos y a negociar plazos o indemnizaciones.

Medidas recomendadas para mitigar el impacto

Inmediatas

1.1 Incrementar reservas de producto en origen y almacenes logísticos para cubrir periodos de bloqueo cortos.

1.2 Revisar cláusulas contractuales y activar coberturas de seguro y fuerza mayor cuando proceda.

1.3 Priorizar envíos por clientes estratégicos y renegociar calendarios de entrega.

Mediano plazo

2.1 Diversificar destinos y abrir nuevos mercados menos dependientes de rutas sometidas a riesgo geopolítico.

2.2 Estudiar rutas alternativas multimodales, combinando marítimo y ferroviario hacia puertos con menor exposición, y optimizar llenado de contenedores.

2.3 Promover acuerdos entre exportadores para crear fondos compartidos de seguro y logística que reduzcan la volatilidad de costes.

Largo plazo

3.1 Invertir en mayor capacidad de almacenamiento y en tecnologías de conservación que permitan una gestión más flexible de la oferta.

3.2 Explorar certificaciones y diferenciación de producto que aumenten la fidelidad del comprador premium y reduzcan la sensibilidad a cambios de proveedor.

3.3 Fomentar diálogo con administraciones para diseñar respuestas públicas en caso de crisis logísticas, incluyendo líneas de crédito y apoyo a costes de almacenamiento.

Reflexión final

La crisis de 2026 en torno al estrecho de Ormuz pone en evidencia que el comercio internacional de productos agrícolas ya no depende únicamente de la oferta y la demanda. La seguridad de las rutas y el control de puntos estratégicos se han convertido en factores decisivos para la estabilidad de sectores especializados como la alfalfa deshidratada. Para productores y exportadores españoles, la lección es clara: hay que incorporar la gestión del riesgo geopolítico en la planificación, combinar medidas operativas con estrategias comerciales de diversificación y trabajar con las autoridades para crear mecanismos de resiliencia que garanticen el abastecimiento a los mercados y la viabilidad de la actividad agrícola en el futuro.

Foto - img.interempresas.net

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